Dice Bryan Walsh de Time:
Las casas grandes no solo ofenden por su tamaño; en general requieren más energía para calentar y enfriar que las pequeñas, aún con la maquinaria más eficiente. Y en los EEUU, las casas grandes se han convertido en norma, aunque una casa pequeña y menos eficiente consume menos energía que una más grande y más verde y usa menos materiales de construcción, lo cual aumenta la huella del carbón. Una casa de una familia promedio en EEUU mide casi 230metros cuadrados, un aumento desde 92metros cuadrados en los años 50 mientras que los ocupantes han disminuido de 3.4 personas a 2.6 personas en el presente.
Si realmente quieres vivir pequeño, visite a Jay Shafer. Es un jubilado profesor de arte que vive solo en una casa adecuado para un hobbit de 9.30metros cuadrados en el norte de California que se diseñó para si mismo en 1999. Shafer ahora tiene una empresa llamada Tumbleweed Tiny House que se dedica a vender casas miniaturas que van desde los 6.5metros cuadrados a los 33metros cuadrados. Él hizo el cambio porque se sentía culpable por su huella de carbón y ahora prefiere la vida pequeña y ordenada. Dice, “si dejo a mis pantalones botados en el piso no puedo cruzar el cuarto”.
Digo yo:
Vaina es que ya cubrí el tema de la obscenidad social de vivir en casas imposibles de manejar por una o dos personas, pero ahora también quiero disculparme con mis propias amistades que caen dentro de esa tendencia. Cuando pensamos en nuestros sueños infantiles, cómo íbamos a ser, donde viviríamos, cómo nos veríamos, tenemos que acordarnos que de chicos, en esos tiempos, habían más posibilidades, más espacio, y si más recursos. En los años transcurridos desde entonces tenemos que considerar todos los miles de millones de mensajes que nos han bombardeado sobre las medidas del éxito. Sobre cuantas veces tuvimos que remodelar nuestros sueños según las tendencias del mercado. Para hoy, ya dejaron de ser nuestros sueños y se convirtieron en producto del mercadeo efectivo.
Vaina de vivir en una casa gigantesca es nunca tener que ver a los otros ocupantes. Cada uno en su espacio, con sus invitados, creando sus propias reglas y alejándolas de la autoridad. Espacio para soñar, espacio para mentir, soledad.
Vaina de vivir en una casa pequeña, en vecindades estrechas, es que su ocupantes se tienen que acomodar a los espacios ocupados por otros, aprender a conversar y mantener los silencios respetuosos, empatizar, compartir, mantener el orden, y a cambio contar siempre con la seguridad que tendrás a alguien con quien compartir las risas y las lágrimas. La convivencia estrecha hace que los ratos de soledad sean realmente preciosos y más productivos, aunque sean para enfrentar y demostrar coraje ante la soledad.
Vaina es que fuimos diseñados para vivir en vainas y la economía actual quiere perpetuar nuestra “dependencia” a los vehículos de aislamiento convirtiéndonos en islas, en depresivos, en consumidores de cosas en lugar de vividores de gracia. Mientras más grande, más apartados, menos preparados para la verdadera vida convivida y disfrutada. Viejos por su lado, chicos por su cuenta, adultos obsesionando con no convertirse en viejos sobrecompensando sobreprotegiendo a sus chicos en lugar de estar realizando plenamente su propia madurez, metiéndose pastillas con miedo a que se les acaben las pastillas en lugar de vivir sanamente.
Vaina es que ¡vivan los barrios y las casitas con patios compartidos!
e enjte, 24 prill 2008
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