2011/07/31

en el costado de la vía, la vida

No se engañe, esta es una carta de amor, escrita a lo largo de largos ratos que los que me rodean interpretan como óseo con tabaco. Me ofrecen ropitas nuevas, bonitas ante lo que explico, no tendría a donde usarlas, no voy a salir en la tele. Y para qué algo nuevo? La princesa Kate impone en este momento la misma moda: verse fotografiada en dos teñidas iguales, reciclar las buenas piezas, hacerlas realmente suyas. Mis dos teñidas son lycra con pantuflas, y jeans con huecos, mi estilo se conoce como “canasto”.

Resume una vida entera amándote.
Por dejarte cuando más chiquillo eras, por cambiarte por Chile. Y ahora mientras tu pareces tener siempre a donde ir, yo me he quedado aquí al costado de la vía, esperando verte más barbudo cuando vuelvas. En el costado del camino anida mi ilusión, lote sobre lote de construcción imaginaria, pueblo convertido en ciudad con sabor a ti. Con ganas de jalar pa largo, contigo, mi vida, acomodo, barro, limpio este hogar que es por naturaleza de huéspedes.

El turismo del corazón, en el que vinieron por sexo y se quedaron por amor, en el que siguen viniendo para sacarle fotos a los monos, han visitado alrededor de 30 millones de turistas desde 1988 a esta casita de cuatro millones. Hinchados de pasión por la pura vida hay zarpullido en las estructuras de ayer, techos oxidados, humedad entre las paredes, comején de memorias selectivas resistentes al baygon.

Vestirme para una seducción para encajar con estas calles y estas aceras, que no tienen nombre, que me obligan a caminar entre carros como los perros… prefiero verme bonita chinga que fea vestida. Así no más esperando a Elenin cuento los días que lleva tendido el cableado antiguo que ningún gobierno quita cuando agrega el nuevo. La red de suministro eléctrico sobre mi aldea es una maraña de treinta años de cobre frío por desuso, y se ha convertido en rejas entre el cielo y mis ganas.

Ganas por hacer tanto con todos estos lotes, ganas de poner casas, casitas, cuadras enteras de vivienda bonita, bordadas con árboles, con tapias bajitas cubiertas con enredaderas, con persianas en lugar de rejas, con ventanas a todos los costados, con patios comunales y jardines privados, con aceras que conecten a los estudiantes con sus escuelas, y banquitos para los enamorados. Quiero botar los faroles amarillos de amplia proyección, quiero silenciar su constante zumbido, su opresión a la noche, su callar a las estrellas y su asistencia al malechor y sustituirlos con farolitos que se prenden con el rumbo del peatón.

No quiero ir a un pasado pintoresco cuyo futuro sea éste, no soy anticuada. Quiero hacernos nuestra casita con la esquecités de la tecnología más refinada con el gusto sencillo por el barrio donde abundan los niños. Quiero desarrollo que no signifique incremento, que no tenga sonido de motores y televisión, donde se puede observar a la historia sin miedo a que se repita, sin tener que buscarlo en otro lado. Se que mientras pasas en tu carro tan apurado, me piensas apenas el segundo que dura el reojo y mientras ande bien vestida, pero bajo esta ropa estaré siempre chinga.