Leonidas Elenin descubrió un nuevo cometa el año pasado, en 2010. Es pequeño comparado a otros que han pasado, brilla más por su gas que por su núcleo y su trayectoria pasa a larga distancia de la tierra. No va ser un astro muy notorio en el cielo pero aquí sobre la tierra ya se siente más fuerte que los más brillantes que han pasado en la historia reciente.
Conocido en mitos como emisario de Nibiru, es chiquitito y letal.
Su estela de influencia empezó a afectar este sistema solar el 11 de Abril de este año y se sintió sobre el planeta como el terremoto y tsunami de Japón. El terror de ese evento sacudió todo el planet porque imagenes grabadas y trasmitidas por teléfonos captaron y compartieron todo. Fue un fenómeno que a través de la tecnología de la comunicación lo sentimos todos.
Ni el tsunami en Indonesia del 2004, ni el terremoto de Chile en el 2010 impactaron tan fuertemente, porque fueron solo un principio. El último de Japón ya es como la confirmación de que algo esta pasando y las redes sociales están zumbando con sospechas.
Lo que Elenin carece en tamaño lo multiplica en estrategia pues su trayectoria lo coloca en filas no solo con los planetas más influyentes de este sistema solar pero también con la vía láctea. Estas filas planetarias impactan nuestra existencia en lo que estudiamos como astrología que muchos relegan al ámbito de la superstición, pues les jode la vida pensar que tienen un destino y que no todo es libre albedrío. Pero que rico es caer mal, así que también les cuento (ya que le estoy dando por la superstición) que ELE es acrónimo de Extinction Level Event (evento con niveles de extinción) y que NIN es el nombre de la primera diosa Sumeria (o Mesopotámica). Los días once parecen predilectos para desatar locuras, o para los que estan preparados, grandes oportunidades de cambio.
Ayer anduve en carro. Fui hacer mandado a Curridabat con la vecina en su camioneta automática, con aire acondicionado. Nos demoramos 25 minutos de Villa Colón hasta el centro de Curri por la pista y la circunvalación. Y qué rico. Qué delicia el poder de la velocidad y la imidiatez, la comodidad del AMPM para parar a comprar ese antojo, que buenos letreros de productos, ropa, maquillaje y residencias de lujo que forman tunel visual recordándome que la “economía” esta saludablemente creciendo, que alguien, aunque no sea yo, esta multiplicando su consumo.
Y lo entiendo, entiendo porque aman sus carros, porque lo sienten como tan íntima expresión de su éxito. Se sienten seducidos por el frío del hierro y el calor de la combustión. Les produce el mismo placer que disparar una pistola: es el control absoluto sobre su destino ya sea para huir rápidamente del lugar del peligro o ahuyentar el factor peligroso con una amenaza letal. Lo entiendo.
Mi intención no es anular el automovil, mi objetivo es convertirlo en una opción y no una exigencia. Me cuelgo del cometa para proclamar que vivo sobre un planeta y no de una agenda nacional dirigida por oportunistas y perpetuada por esclavos.
La empresa Apple tiene más dinero en este momento que el gobierno de EEUU. La deuda multi-trillonaria que tiene Estados Unidos de América por financiarse tanta guerra para llenarle el tanque a su flota de carros y medicar las enfermedades que eso produce, la tratan de disimular con habladas de un “techo” de deudas. Y su gobierno y sus medios producen aquel semejante circo para aparentar saber de qué hablan y que tienen algún control sobre la situación.
No lo tienen. Pero las empresas multinacionales de comunicación si. No es casualidad que Apple tenga más plata, su símbolo comercial es una fruta fuente de todo conocimiento. Y las empresas multinacionales agrícolas también la controlan. No es casualidad tampoco, los humanos necesitamos comer manzanas.
Cuando declaro mi independencia de toda nación estoy renunciando cualquier derecho a portar armas. No tengo que matar, lo dicen todos los libros de Dios, ni a lo que le pueda tener miedo. De algo me tengo que morir, si es por violencia que así sea. Como mujer, soy más hombrecito que la mayoría de los hombres que conozco.
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