Y marchamos para protestar los comentarios del Obispo Ulloa...
Si en todo el mundo reción hace 100 años logramos el sufragio, las mujeres hemos ejercido un rol sujetador en la historia universal de cómo doblar los factores económicos a nuestro favor. O sea, se nos puso el matrimonio como institución de negocio único para huir de casa, como esposas o como prostitutas, era sometimiento. Y en gran medida seguimos sometidas, viendo cual es el mejor hombre, de mejores cualidades, con más dinero, con más respecto por su mamá, para entablar el negocio de tener hijos bien, que tarde o temprano nos van a respetar frente a la nuera. Es un plan en que usamos el sexo
para acorralar el prestigio, el poder adquisitivo, y le metemos celos para llamarlo amor. Nos valemos de un apellido agregado, de la aprobación eclisiástica, de los regalitos de la Cemaco, pero sigue siendo putería.
En esos 100 años se ha perfeccionado la profesión con las princesas Disney, la píldora, el teléfono, los implantes de silicona, el facebook y a pesar de incorporar tan grande proporción de industria secundaria, no se califica como ocupación primaria. Ponemos de índice económico el turismo, la piña, el banano, los servicios, como ingreso bruto “calificable”, ponemos el transporte en tarjetas de presentación, imprimimos y distribuimos un millón de guías telefónicas dobles de mil páginas cada uno, con la misma info todos los años detallando servicios de escoltas, masajistas, lubricado y enderezado, pero no se publica, o se ignora el servicio de aseo, cocina, crianza, enseñanza, de la mujer, que si bien la maternidad y la pedagogía no son prostitución, tampoco cobran suficiente por el abuso que reciben.
Se lee mucho y se dictan exámenes sobre los grandes hombres de la historia de este país: Juan Santamaría, Braulio Carrillo, Minor Keith, José Figueres, lo que hicieron para crear cabildo nacional, firmar el Acuerdo del Jocote, trazar transporte terrestre, abolir el ejercito y establecer el estado socialista más exitosa que Latino América haya visto. Irónicamente a ese legado ahora le llamamos “libre mercado” y lo sometemos de piernita abierta al plan de cien años de la dictadura China, con renta sobre la gasolina para Chavez y sus amigos, y con cajita feliz para nuestros hijos.
Pero quienes eran las hembras históricas? Aquí no hubo Cleopatra, ni Maria Antonieta, no hubo Marie Curi ni Amelia Earheart, hubo la escritora, soltera, probablemente lesbiana, definitivamente devota, Carmen Lira, pero dudo que haya gozado de siquiera un paseo de pudor para aparecer retratada en los billetes. Puta es cualquiera que preferiblemente hubiera dicho no y hubiera seguido con los estudios, con el trabajo, pero que comiéndose la pastilla azul del príncipe galán, mantuvo y sigue fomentando una economía que no las incluye. Vergüenza no hay en que le digan “puta” pero si en no asumirlo con dignidad.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada