2011/12/29

2012

Estamos tan cerca de socializar la vía, creo que a eso se refiere el cambio trascendental que alude las profecías.  Las vías siempre han sido para conectarnos, para ir a casa de la abuela, de la novia, para ir a la escuela, a hacer las compras.  La vía es la membrana etérea entre nuestras consciencias, nuestras camas, solo termina donde no puede más.  El único dominante sobre la vía son los estados, y el estado somos lo que soñamos.

Ese fluir de donde estoy yo hasta donde estás tu, que ruge, huele, se golpea con metales calientes, vidrios empañados y egoísmo, es nuestra pesadilla.  Es el anhelo de libertad hecho angustia de presa, por tener una movilidad mía, para llegar e irme cuando yo quiero.  No señala ni progreso, ni felicidad.

Hace una semana tuve una linda noche.  Fue la fiesta de la alegría de algunos documentalistas costarricenses que alcanzando su madurez fijan el sensor óptico sobre los momentos en los que compartimos exitosamente los feriados y las pistas de baile.  Porque a San José la soñaron elegante, la reunión se dio en el cine Variedades, una institución Josefina sobre la calle principal que conecta el norte y sur, sus barrios de Guadalupe y Desamparados, una calle enumerado que solo los taxistas se acuerdan.  El cine Varieadades no tiene acera distintiva y su parte de la vía concede dos carriles en dirección única, el norte, para carros.  La acerita sobre el más antiguo cine, la primera factoría de sueños celuloides ticos, es un senderito apenas para una o dos personas muy sincronizadas o enamoradas.  No da espacio convincente ni para los fumadores.

Esa fiesta se hizo acompañar de sepa en caja, trufa mágica, chilenos falsos y castellistas.  Hubo esa rica solemnidad de los que guardan, preservan, celebran y extienden patrimonio, la cajita de colección para familias damnificadas por la guerra en Honduras. Solo faltaba el Pipi.

Me dirigí después al Lobo Estarpario, en la cuesta de Moras, a cuatro cuadras de la Variedades hacia el éste.  Ahí versaban los poetas de la escena nacional, tapis, por la librebus, las chicas se apuraban para recitar acelerando y sudando, los maestros se tomaban su tiempo, para maniobrar, esquivar con la coma y los puntos, todo por el valor de una Pilsen y un librito de recuerdo.  Las Andreas, los Chaves y los Cesar, check!

Aquello era motor mental para largarme a Villa, por la central a pie, a pierna papá, avancé 13 cuadras en diez minutos, volé a coger colectivo en la coca-cola, venía a mi lado una enfermera del Calderón Guardia, conversamos sin parar los 15 minutos por la pista PROSPERO FERNANDEZ, que nos constaba a todos en ese vehículo no era "vias del sol" hasta PIEDADES, que la constructora "vias" no negociaron más allá de Piedades y Brasil de Santa Ana para abrir camino.  Acordábamos todos en aquel taxi que tal peaje que quieren abrir para Ciudad Colón y Puriscal, no era parte del negocio si nosotros pagamos por la mejoría de los puentes de Escazú-Radial todos en el mega peaje de Trejos.  Esos peajes fueron error e insulto a la inteligencia de Mora y Puriscal.

Una conversación que no tiene que durar más de 10 minutos.  Me bajé en el centro de villa y en lo que sobró de caminar a mi casa hice el viaje de 25 kilómetros, sin carro, en 45 minutos.  Entre fiesta de alegría, poema, pierna y transporte público, medí mi existencia.