2012/01/17

Negocio o Servicio

Cada uno por su cuenta; no se ayuden, porque el que ayuda siempre sale perdiendo.  El lema de la economía antigua es el miedo.  Cobramos intereses para ganar sea como sea.  Siempre pensamos que pedir o hacer préstamo nos va a perjudicar, y que alguien va a aprovecharse ya sea el que hace el préstamo cobrando interés, o el que pide el préstamo al no pagarlo.  Vivo en una era donde prepondera en una triste codependencia entre una absurda avaricia y el descaro del aprovechamiento.  Nadie quiere ayudar al otro porque todos tienen la obligación de financiar gobiernos que realmente no ayudan a nadie.

Digo vivo, porque estoy completamente segura de estar viviendo la hora cúlmine en un cambio de paradigma, donde lo mejor solo se habla y lo peor se sigue aceptando como norma.  Pensamos que hay que sufrir para salir ganando, que nos tiene que costar para considerarlo exitoso y que tenemos que competir para no fracasar.  Así somos tacaños, entre hermanos, pudiendo pero no queriendo extender nuestras fortunas a nuestros semejantes, permitiendo que los nuestros pasen hambres y humillaciones para que "aprendan" en lugar de ampliar las mismas oportunidades que traerían calma, constancia y anhelos cada vez más refinados y alegres.

Yo he pasado por unos cuarenta trabajos en mis cuarenta años de vida.  Siendo mujer y siendo versada, no tengo problema en interpretar mi mala suerte con los trabajos como trabas de mis jefes, en su mayoría hombres blancos, que al reconocer no poder acostarse conmigo, optan por castigar las soluciones y sugerencias de mejorar su negocio que ofrezco con regaños, burlas y despidos.  Son ellos los que construyeron estas ciudades y yo la que no pido permiso para habitarlas.

No pediré permiso porque mi obligación espiritual es comprobar que existir no viene a ser función, ni territorio, ni dominio de ninguna nación o religión.  Existimos por la gracia y persistencia de un ánimo universal y misterioso que perpetua la vida hasta en las condiciones más miserables.  Los que no triunfamos en el sistema capitalista, los que tenemos los cicatrices donde nos mordieron otros perros, los que no orinamos para marcar territorio si no sencillamente para aliviarnos, no existimos como cáncer, ni enfermedad, sobre la hermosa burbuja terrenal.  No somos como diría el Agente Smith una pestilencia.  Los que no movemos el sistema, los que el sistema define como escoria, como montados, como "perdedores", somos mayoría.

La familia nuclear y feliz solo habita en los comerciales, y solo como truco para convertirnos en insatisfechos para que compremos tonteras.  Apenas esos niños crecen para darse cuenta que están atrapados en la limitación de un núcleo, sin poder aventurarse más allá del anonimato de las ventanas polarizadas del carro de su papá, sin poder conocer la emoción del peligro, esclavizados a pagar multas, seguros, doctores y abogados, en el momento que se dan cuenta que alguien tuvo que ordeñar la tetica que les da la leche que toman de la cajita y que no pueden ser ellos van a sentir ese profundo y triste desconecte de no saber quienes son.  Se van a dar cuenta que sus padres lejos de ser carne y alma, se han dejado convertir en robot.

No hay nada nuclear que se pueda protegerlos de la realidad de ser pueblo, de ser barrio, de ser comunidad.  Las ciudades no son de carros, ni casinos, ni putas, las ciudades son multitudes genéticas, variaciones de combinaciones infinitas de posibilidad, peligro y también seguridad.  En la ruleta me ha tocado la bala más de cuarenta veces y cómo? sigo parada!

En un futuro presente, el ahora y el ahorita, escribo, cocino, limpio, alimento, animo, como servicio al gran todo, a la ciudad en decadencia.  No esta dentro de mis posibilidades definir lo que va ocurrir con las personas que atiendo, pero al atenderlos en calidad de servicio, al prestar sabiendo que puede ser benéfico para el que me pide y también que puedo perder un poco, seguiré alentando generosidad, seguiré superando la máquina del Señor Smith y contribuyendo al cambio.  No hay miedo, solo vida hasta que toque la muerte, y en vida si no servimos y solo negociamos, nada fluye y todo perece.